Mi experiencia
en Israel comenzó hace seis meses y nunca me imaginé que este iba a ser el
resultado. Todavía me queda un tiempo más en Israel pero tengo que admitir que
la sensación es que mi viaje está terminando, tal vez porque acá las semanas y
los días pasan volando. Tel Aviv es sin duda una ciudad que nunca duerme y en
donde siempre se puede encontrar gente, en la calle, en un bar, en la playa y
sobre todo en Beit Leni, nuestro hogar.
Para mí este
viaje fue enriquecedor en muchos sentidos, significó un reencuentro con mi
familia y amigos y sobre todo tener la oportunidad de vivirlos en la
cotidianeidad. En el aspecto profesional cumplió mis expectativas, y tengo que
reconocer que eran bastante altas. Al comienzo fue frustrante, no me encontré
con lo que esperaba pero insistí hasta obtener lo que había venido a buscar. A
los dos meses de mi llegada entré a trabajar en un estudio de fotografía y tuve
la suerte de caer en el momento indicado cuando estaban comenzando un nuevo
proyecto que estaba relacionado con mi profesión y que para ellos era
completamente nuevo. El proyecto se trataba de un de un cortometraje de
ficción hecho con fotos fijas (una especie de video-arte) y yo me encargue de la edición. Fue un
proyecto personal de uno de los dueños del estudio y esto es lo que hice la mayor parte del tiempo en la
pasantía, trabaje todos los días a su lado intercambiando ideas, probando
nuevas herramientas y trabajando en conjunto.
Esto me permitió integrarme rápidamente porque en seguida
se dieron cuenta de que yo estaba en un posición en la cual podía asistirlos y
ser de gran ayuda. Además generó en mi un compromiso muy fuerte con el estudio y
sin duda fue un aprendizaje que cambiará mi vida profesional de ahora en
adelante.
Estoy muy
satisfecha con la decisión de haber venido a Israel, creo que fue un
aprendizaje en todo sentido y una experiencia única, con momentos difíciles y
otros de mucha alegría.
Tamara Rajmilevich, 26 años
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